En medio de la polémica por el incremento de sueldos en el Senado de la Nación, la senadora riojana Florencia López quedó expuesta como la única representante de la provincia que decidió mantener el polémico aumento, mientras sus pares Fernando Rejal y Juan Carlos Pagotto lo rechazaron públicamente.
Con esta decisión, la ex vicegobernadora percibe ahora un salario que supera los $7,4 millones mensuales, una cifra que contrasta de manera brutal con la realidad económica de la mayoría de los riojanos, quienes enfrentan inflación, pérdida de poder adquisitivo y precariedad laboral.
La diferencia con los sueldos de Rejal y Pagotto —que tras renunciar al incremento cobran $7,1 millones— es de casi $276.000. Más allá de los números, lo que queda en evidencia es la disparidad de criterios entre quienes entienden el clima social de ajuste y austeridad, y quienes, como López, prefieren sostener privilegios.
La decisión de la senadora ha generado fuerte malestar, no solo en la opinión pública sino también dentro del propio arco político riojano. En momentos en que el Gobierno nacional impulsa recortes y esfuerzos compartidos para equilibrar las cuentas, la postura de López aparece como una señal de insensibilidad y desconexión con la ciudadanía.
Con este episodio, Florencia López carga con un costo político que podría impactar en su futuro. La imagen de una dirigente que prioriza su bolsillo por encima del gesto institucional de acompañar la austeridad, refuerza la percepción de los ciudadanos sobre una “casta política” que se protege a sí misma mientras el resto del país ajusta.



