El último informe del INDEC sobre el mercado de trabajo en el segundo trimestre de 2025 revela un dato que expone las debilidades estructurales del modelo económico riojano. La provincia registra una tasa de desempleo del 5,3%, por debajo de la media nacional (7,6%), pero lo que a simple vista parece un logro se transforma en preocupación cuando se analizan las condiciones del empleo.
La informalidad y la precarización laboral marcan el pulso del mercado riojano. Aunque el INDEC no publica un detalle específico por provincia en este punto, la referencia nacional indica que el 37,7% de los trabajadores asalariados no cuentan con aportes jubilatorios. En La Rioja, donde el empleo privado es débil y la economía depende en gran medida de la administración pública, la tendencia no parece ser distinta, lo que refleja la fragilidad del esquema local.

La tasa de actividad provincial alcanza apenas el 45,6% y la de empleo el 43,2%, cifras que muestran una baja participación de la población en el mercado laboral. Al mismo tiempo, un 15,5% de los ocupados busca activamente otro trabajo, lo que confirma que la supuesta “estabilidad” esconde una realidad de subempleo e ingresos insuficientes.
El gobierno de Ricardo Quintela intenta exhibir la baja desocupación como un logro de gestión, pero la realidad es que la calidad del empleo sigue siendo el gran déficit de su administración. La falta de políticas que fortalezcan al sector privado productivo, sumada a la dependencia del empleo público y a la creciente informalidad, compromete el futuro previsional y económico de miles de riojanos.
Mientras tanto, el discurso oficial insiste en culpar al Gobierno nacional por la falta de recursos, evitando dar respuestas concretas sobre cómo mejorar las oportunidades laborales en la provincia. Los números del INDEC dejan claro que, más allá de las estadísticas de corto plazo, La Rioja necesita un cambio profundo de rumbo para generar empleo genuino, formal y sostenible.



