La política riojana atraviesa un clima de creciente hartazgo. Mientras los problemas estructurales de la provincia se multiplican —inflación local, fuga de empresarios y crisis de empleo— el gobernador Ricardo Quintela avanza en una jugada que muchos describen como el intento más descarado de perpetuar a su familia en el poder.
Según trascendió, el plan para el 2027 incluye una ingeniería electoral donde Gabriela Pedrali, ex esposa del mandatario, sería candidata a gobernadora, mientras que Jerónimo Quintela, su hijo, competiría por la intendencia de la Capital. De esa manera, el quintelismo buscaría blindar su control sobre la provincia y garantizar que el apellido siga gobernando aunque él mismo se proyecte hacia la política nacional.
Un gobierno de familia y amigos
La maniobra generó un profundo malestar en el PJ riojano, que ya acusa a Quintela de haber transformado al gobierno en un club cerrado de parientes, ex parejas y amigos personales. Dirigentes históricos hablan en privado de “la monarquía del Gitano” y reconocen que los sondeos de opinión arrojan un diagnóstico lapidario: la sociedad percibe al oficialismo como agotado, autorreferencial y más preocupado en heredar cargos que en resolver problemas reales.
A matar o morir por las listas
La pelea interna ya es inocultable. Quintela priorizó a Pedrali para renovar su banca como diputada nacional, lo que provocó el portazo del legislador Juan Carlos Santander y abrió una guerra abierta en la Capital, donde su hijo Jerónimo compite con el concejal Gonzalo Becerra por un lugar clave en las listas.
En paralelo, la vicegobernadora Teresita Madera —quien también pretende ser candidata en 2027— ve cómo sus aspiraciones quedan sepultadas bajo el peso de los acuerdos familiares del gobernador.
El trasfondo nacional
La obsesión de Quintela no se limita a La Rioja: busca instalarse como candidato a presidir el PJ nacional en 2027, con el apoyo de figuras como Julián Domínguez. Mientras tanto, su relación con la Casa Rosada es cada vez más tirante. La reciente inauguración de la Rotonda del Chacho por parte de Javier Milei fue interpretada en el oficialismo riojano como una afrenta directa al “modelo quintelista” de la obra pública, hoy bajo sospecha de corrupción.
La Rioja como botín
El plan familiar de Quintela desnuda un problema más profundo: el uso del Estado como botín electoral y garantía de permanencia personal. En vez de abrir el juego, modernizar la política y dar lugar a nuevas generaciones, el gobernador insiste en convertir a La Rioja en un feudo heredable.
Con una sociedad cada vez más descreída y un peronismo dividido, la apuesta de Quintela puede terminar siendo la sentencia de su ciclo político. La pregunta que resuena en pasillos y cafés es una sola: ¿aguantará la provincia otro turno de gobierno dinástico?



