El gobernador Ricardo Quintela volvió a mostrarse en los medios nacionales con declaraciones sobre la política federal. Esta vez, cuestionó la mesa de diálogo propuesta por el Gobierno de Javier Milei y se mostró escéptico respecto al rol del flamante ministro del Interior, Lisandro Catalán. Aunque lo calificó como una “buena persona que dialoga”, Quintela sentenció que “no va a tener demasiado éxito”.
Lo llamativo es que el mandatario riojano se permite marcarle la cancha al Gobierno nacional reclamando consensos, mientras en su propia provincia gobierna con un estilo verticalista que deja poco espacio para el diálogo real con la oposición, con los gremios disidentes y hasta con sectores del propio peronismo local.
Quintela exigió que la Casa Rosada priorice políticas para jubilados, discapacitados y universidades, pero en La Rioja esos mismos sectores arrastran reclamos sin respuesta. La crisis en el sistema universitario riojano, la precariedad laboral de los trabajadores estatales y los atrasos salariales son problemas que su administración no ha logrado resolver.
El gobernador advierte que “no se puede pretender recibir plata” sin cambios de política, pero su discurso contrasta con la realidad provincial: un Estado cada vez más dependiente de la asistencia nacional y una economía local sin desarrollo privado, sostenida casi exclusivamente por empleo público.
Mientras se muestra en medios nacionales como defensor de los más vulnerables, Quintela enfrenta en casa críticas por un modelo agotado, basado en bonos temporales y anuncios grandilocuentes que no se traducen en mejoras concretas para la gente. Su escepticismo hacia la mesa de diálogo nacional parece más un intento de posicionamiento político que una defensa genuina de los riojanos.



