Las declaraciones explosivas de Ricardo Quintela volvieron a ponerlo en el centro de la escena política nacional. El gobernador riojano aseguró que el gobierno de Javier Milei “está en su etapa final” y advirtió que el país “va a estallar”. Sin embargo, la advertencia que el mandatario lanza hacia la Casa Rosada refleja más las falencias de su propia administración que un verdadero diagnóstico sobre la situación nacional.
Mientras Quintela acusa al Gobierno central de no cumplir acuerdos ni enviar fondos, en La Rioja se multiplica el malestar por el colapso de la economía local: salarios que no alcanzan, precariedad en el empleo público, fuga de jóvenes profesionales y un sistema productivo paralizado. En ese contexto, su discurso suena a distracción más que a advertencia.
El gobernador riojano dice no ser “golpista”, pero su prédica de que “el país va a estallar” es funcional a un clima de confrontación permanente. Paradójicamente, el mismo dirigente que denuncia la falta de recursos nacionales sostiene una provincia con una de las mayores dependencias del país respecto a la coparticipación y los ATN, y que recurrió a una cuasimoneda —los polémicos “Chachos”— que fracasó en cuestión de semanas.
Lejos de mostrarse como un referente de gobernabilidad, Quintela se alinea con el sector más duro del peronismo, buscando instalar un escenario de crisis nacional. Sin embargo, en La Rioja la crisis ya es cotidiana y no necesita ser importada desde Buenos Aires: la improvisación, la falta de desarrollo privado y la dependencia absoluta de fondos externos son la marca registrada de su gestión.
Las advertencias del gobernador contra Milei podrán generar ruido en los medios, pero puertas adentro de la provincia lo que resuena con más fuerza es la pregunta que muchos riojanos se hacen: ¿quién se hará cargo del estallido silencioso que vive La Rioja bajo el quintelismo?



