La Escuela N° 255 de Chepes sigue con sus puertas cerradas desde hace varios días. La causa: sanitarios en estado deplorable que impiden el dictado normal de clases. Desde el jueves pasado, los alumnos del nivel primario no pueden asistir presencialmente y las autoridades educativas se limitan a ofrecer una «solución virtual» que poco resuelve en un contexto de brechas digitales y desigualdad.
El Supervisor de Zona, Pedro Tapia, confirmó que los sanitarios están inutilizables y que no hay fecha concreta para el inicio de las reparaciones. Mientras tanto, los estudiantes —en su mayoría de familias trabajadoras— ven interrumpido su derecho a una educación digna, mientras los funcionarios repiten promesas y discursos vacíos.
Padres y docentes expresaron su indignación ante la desidia oficial. Denuncian la ausencia total de obras, falta de planificación y el silencio absoluto del Ministerio de Educación provincial, que aún no da respuestas ni informa cuándo comenzarán los trabajos para restablecer el servicio educativo.
Lo más grave es que desde la vuelta del receso invernal, los niños sólo pudieron tener dos días de clases presenciales, mientras las otras instituciones que comparten el edificio (de nivel superior) sí continúan funcionando normalmente. Una muestra más del desorden, improvisación y desigualdad de criterios en el manejo del sistema educativo provincial.
Este nuevo episodio pone en evidencia el deterioro estructural de la educación pública en La Rioja, producto de años de abandono, falta de inversión real y manejo político de los recursos escolares. El relato de un gobierno que dice «cuidar a la gente» se cae cuando las escuelas no tienen baños en condiciones y los niños aprenden, si pueden, desde sus casas.
En medio de una campaña electoral cargada de promesas, el caso de la Escuela 255 es un símbolo claro del fracaso de la política educativa del quintelismo: un modelo que se muestra cada vez más lejano de las aulas, de los alumnos y de las verdaderas necesidades del pueblo riojano.



