La confrontación entre la Nación y La Rioja sumó un nuevo capítulo luego de que Lisandro Catalán, flamante ministro del Interior, respondiera con dureza a las declaraciones de Ricardo Quintela. El gobernador riojano había asegurado que el Gobierno de Javier Milei “está acabado”, pero terminó recibiendo un golpe político directo a su credibilidad.
“Lo que dice Quintela habla más de él que del Gobierno”, disparó Catalán, aludiendo a la crisis de gestión que atraviesa la administración provincial. Y fue aún más lejos: recordó la polémica emisión de la cuasimoneda riojana. “Es el mismo gobernador que imprimió papelitos de colores que, a las dos semanas, no se aceptaban ni para pagar un café”, ironizó el funcionario nacional.
Las palabras de Catalán exponen lo que muchos riojanos sienten: que el discurso combativo del quintelismo hacia la Casa Rosada no es más que una estrategia para tapar los propios fracasos. Mientras Quintela pretende mostrarse como adalid del federalismo, su provincia está entre las más dependientes de los giros nacionales y arrastra un modelo económico sin autonomía real.
El intento de confrontar con Milei parece chocar con la realidad: un gobernador que no logró dar respuestas de fondo a la crisis provincial, que apostó a una cuasimoneda rechazada hasta por los comerciantes, y que sostiene una estructura estatal desproporcionada como único motor económico.
Catalán no solo contestó a una provocación: también dejó en evidencia la fragilidad de un gobierno provincial que, pese a los discursos grandilocuentes, está marcado por la improvisación y el clientelismo. Quintela, otra vez, quedó en el centro del ring, pero esta vez con más golpes recibidos que lanzados.



