LA RIOJA.- El peronismo riojano atraviesa una de sus mayores turbulencias internas en los últimos años tras el polémico viaje a Barcelona de Fabián de la Fuente, presidente del congreso provincial del PJ y principal armador político del gobernador Ricardo Quintela.
La decisión de abandonar la provincia en medio de la campaña electoral encendió la furia de dirigentes y militantes, que ahora exigen su apartamiento inmediato del gobierno. Según los críticos, su ausencia en la Capital —donde el oficialismo necesitaba afianzar su estrategia— debilitó aún más las chances electorales del quintelismo.
Un operador ausente en el peor momento
De la Fuente es considerado el hombre fuerte del armado político de Quintela. Su rol es clave en la estrategia territorial y en la negociación con distintos sectores del peronismo. Por eso, su viaje a Europa fue percibido como una señal de desinterés y desprecio hacia la militancia, que quedó librada a su suerte en un momento decisivo.
Lo más explosivo llegó con la explicación oficial: desde el entorno del gobernador se defendió la ausencia asegurando que se trató de un “viaje de trabajo”, ya que De la Fuente es jugador profesional de póker y participó de un torneo internacional en Barcelona.
La justificación cayó como un baldazo de agua fría dentro del propio PJ. Mientras la provincia enfrenta conflictos sociales, reclamos salariales y un escenario electoral adverso, el principal operador del gobernador se encontraba apostando fichas en las mesas de juego europeas.
Crisis de liderazgo y fractura expuesta
La polémica no solo dejó en evidencia la falta de compromiso de uno de los hombres más cercanos a Quintela, sino que también profundizó la crisis de liderazgo dentro del peronismo riojano.
Las voces internas que piden la salida de De la Fuente se multiplican, y el gobernador se encuentra en la incómoda posición de tener que elegir entre su hombre de confianza o la paz interna del partido.
Lo cierto es que, más allá de la anécdota del viaje y del póker, el episodio expone el vacío de conducción y la desconexión entre la cúpula quintelista y la base peronista, que observa con bronca cómo sus referentes priorizan intereses personales en lugar de enfrentar la campaña y los problemas de la provincia.
La pregunta que recorre los pasillos del PJ es contundente: ¿puede un gobierno sostener su poder cuando su principal estratega prefiere jugar cartas en Barcelona antes que jugarse por su gente en La Rioja?



