Un informe de 2024 sobre el mercado laboral provincial revela que La Rioja encabeza el ranking nacional de empleados públicos por habitante, consolidando un modelo de gestión donde el Estado funciona como principal empleador y motor de la economía.
Con 114 empleados provinciales por cada 1.000 habitantes, la cifra equivale al 11% de la población riojana trabajando directamente para el Estado, una proporción que duplica y hasta triplica a la de las principales provincias del país.
Un modelo atado al gasto público
Mientras distritos como CABA (51), Córdoba (53) o Santa Fe (49) exhiben estructuras administrativas más acotadas, La Rioja multiplica el tamaño del Estado como estrategia de sostén económico. Incluso frente a provincias cercanas con alta densidad de empleados públicos, como Catamarca (59) o San Juan (44), la gestión de Ricardo Quintela lleva el modelo a un extremo difícil de sostener.
Lejos de promover inversiones privadas o diversificación productiva, la provincia mantiene una dependencia estructural del empleo estatal, lo que genera presión fiscal creciente y escasa competitividad.
Una “estabilidad” que cuesta demasiado
Si bien el esquema garantiza estabilidad laboral para miles de familias riojanas, el costo lo pagan todos los contribuyentes: los fondos para sostener esta estructura provienen en gran medida de la coparticipación federal, es decir, del dinero que aportan otras provincias con mayor desarrollo productivo.
La pregunta que surge es inevitable: ¿qué pasará cuando los recursos no alcancen para sostener semejante aparato administrativo?
Quintela y el riesgo de un modelo agotado
El modelo quintelista, basado en empleo público a mansalva como paliativo del desempleo, posterga una discusión central: cómo generar empleo privado genuino, competitivo y sustentable en La Rioja.
Los especialistas advierten que, mientras otras provincias apuestan a diversificar su matriz productiva, La Rioja continúa atrapada en un esquema que ata el futuro de su economía al gasto público, sin resolver los problemas estructurales de pobreza, informalidad y falta de inversión privada.
La Rioja no lidera en innovación, producción ni inversión: lidera en empleo público. Y esa “estadística récord” es, en realidad, el síntoma de una provincia cada vez más dependiente del Estado y más vulnerable frente a cualquier crisis fiscal.



